El cosmos esotérico del aprendiz

El cosmos esotérico del aprendiz

Para el profano que ha pasado las pruebas de la iniciación y se ha convertido en Aprendiz, el contacto con el tiempo y el espacio deben de sorprenderlo.

Entra a un espacio sagrado a un umbral, una frontera donde se separan y distinguen dos mundos, el profano y el sagrado. Y al mismo tiempo es el lugar donde se comunican; el lugar donde se efectúa el cruce de uno a otro.

La puerta de la Luz

En el interior del Temp:. de Aprendiz queda dilucidado el mundo profano, y es ahí donde se hace posible la comunicación con la energía, por lo que “debe existir una puerta” hacia lo alto por la que pueda la luz descender a la Tierra y subir el hombre simbólicamente al Cielo.

El templo constituye, propiamente hablando, una “abertura” hacia lo alto y asegura la comunicación con el mundo de los dioses”

La luz proveniente del medio cósmico circundante  la hace cualitativamente diferente. Las técnicas de orientación, son técnicas de construcción, del Espacio sagrado, pero esto no se trata de un trabajo humano, sino que el ritual por el cual se construye el mismo es eficiente en la medida en que reproduce la obra del universo.

Es en estos Espacios sagrados, que representan el Universo, donde tienen lugar las iniciaciones.

Su techo simboliza la bóveda celeste, el suelo representa la Tierra, las cuatro paredes las cuatro direcciones del espacio cósmico. Se trata, en suma, de una idea arcaica y muy difundida: a partir de un Centro se proyectan los cuatro horizontes en las cuatro direcciones cardinales.

Por medio de los ritos, es posible pasar de la duración temporal ordinaria al Tiempo sagrado, el cual es un Tiempo mítico primordial hecho presente.

La Logia del Aprendiz

Toda iniciación, entonces, consiste en la reactualización de un acontecimiento que tuvo lugar en un pasado mítico, “al comienzo”, por lo que participar de las mismas implica salir de la duración temporal “ordinaria” para reintegrar el tiempo mítico reactualizado por la misma ceremonia.

Al igual que un recinto sagrado constituye una ruptura de nivel dentro del espacio profano, la actividad sagrada que se celebra en su interior señala una ruptura en la duración temporal profana, ya que se desarrolla en un Tiempo sagrado.

La bóveda celeste, además, es comparable al tiempo cósmico, es decir, el “Año”, ya que ambos son realidades sagradas y creaciones divinas. Esta “solidaridad” cósmico-temporal se revela en la estructura misma de los edificios sagrados, ya que el Templo, que es la imagen del Mundo, también comporta un simbolismo temporal debido a que simboliza a la vez al Año, el cual se concibe como un recorrido a lo largo de las cuatro direcciones cardinales.

Esto significa que toda construcción sagrada no sólo rehace el mundo, sino que también “construye el año”, es decir, se regenera el Tiempo creándole de nuevo, con el propósito de santificar el mundo por medio de su intersección en un tiempo sagrado: … el Mundo se renueva anualmente.

Al participar simbólicamente en la recreación del Mundo, el Aprendiz es creado de nuevo y renace a una nueva existencia. De este modo, el H:. se hace contemporáneo de la cosmogonía y asiste a la Creación del Mundo, recomenzando con una reserva de fuerzas vitales intacta, tal como lo había estado en el momento de su nacimiento.

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