La geometría alquímica del Maestro M:.

La geometría alquímica del Maestro Masón (1)

“Nadie entra aquí si no conoce la geometría”. Deberían ser las palabras en una Cámara del medio. Ya que del Maestro Masón, se espera que esté al tanto de una de las artes liberales, que necesita para poder desarrollar su trabajo como MM:.

 Se necesita de un Maestro Masón preparado a pensar por sí mismo. Por que no, nos referimos a la geometría que es ciencia de la medida y del espacio, con sus teoremas y sus demostraciones.

Geometría del Maestro Masón

Para acceder de una manera apropiada al grado de Maestro Masón, este debe entender que, hablamos de otra geometría, de más sutil espiritualidad, de un arte más bien que de una ciencia, arte que consiste en vincular las ideas a las formas y en leer los signos compuestos de líneas como las figuras de los geómetras.

Es esforzándose en dar un sentido a las figuras más simples que el espíritu puede elevarse a las concepciones fundamentales de la inteligencia humana. El espíritu se eleva así con plena independencia, y sin que nada le sea dictado, encuentra por sí mismo el sentido de un trazo o de un grafismo poco complicado.

Ahora bien, lo que podemos descubrir solos, en virtud del funcionamiento autónomo de nuestro entendimiento, adquiere un carácter de verdad, al menos en relación a nosotros mismos. El valor que asignamos al signo es verdadero para nosotros, y si le somos fieles, asignando otros valores a otros signos, construimos correctamente, como buenos masones especulativos.

La alquimia del tercer grado

La materia prima del gran arte, es decir la idea pura, no falseada por la expresión verbal, debe extraerse de su caverna, o sea de nosotros mismos, del famoso velo en que se oculta la verdad.

Para los no iniciados el plomo significa, para la vulgaridad, la pesadez, la no inteligencia, la imperfección, y el oro es exactamente lo contrario. Los iniciados no se interesan en los bienes perecederos, en los metales ordinarios que fascinan a los profanos.

El Maestro Masón todo lo vincula al hombre, que es perfectible y en quien el plomo puede transmutarse en oro.

Los antiguos alquimistas tuvieron su alfabeto secreto, formado por signos que tenían los nombres de las distintas sustancias. Pero las palabras sólo existían para los profanos, mientras que el simbolismo de los signos informaba a los iniciados sobre el sentido profundo de los términos empleados.

Abajo vemos un círculo en el cual están inscritos una cruz, un triángulo y un cuadrado. Son éstos precisamente los elementos básicos de la alquimia hermética:

basícos de alquimia
Basícos de alquimia

Estas figuras se vinculan a las nociones pitagóricas de la Unidad, del Binario, del Ternario y el Cuaternario. Hay que observar que tres de estas figuras circunscriben superficies, mientras que la Cruz simple no designa en la Alquimia una sustancia.

Como ejemplo el, círculo, emblema tradicional de lo que no tiene ni comienzo ni fin. Ante la necesidad de animar una figura geométrica demasiado esquemática, los alquimistas griegos vieron en el círculo a una serpiente que se muerde la cola, el Uróboros.

Los griegos partían de esta unidad en sus especulaciones y volvían a ella siempre para apreciar, en su relación, el valor de las cosas.

No se ocultaban que ese Todo equivale a Nada para el empirista que sólo tiene por real lo que constata objetivamente; de ahí la idea de la materia primera de la Gran Obra, que los profanos no ven en ninguna parte y que los iniciados adivinan en todo. Es el Todo-Nada, o la Nada-Todo sobre los cuales sólo se puede divagar con palabras.

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