Logias Cardenistas

Lázaro Cárdenas y las logias Cardenistas

Los mexicanos sabemos el trabajo que realizó Lázaro Cárdenas del Río como presidente de México. Pero poco o nada se sabe de su trabajo como Mas:. y de su influencia, para bien o para mal, en la Masonería Mexicana.

Antecedentes

Durante su gobierno en Michoacán fue que realizó su principal aprendizaje político y cuando comenzó a delinearse como el conductor de las fuerzas revolucionarias para la reestructuración del Estado y de la vida política.

La tendencia de volver a los principios básicos de la Revolución le granjeó muchos enemigos, pero también lo convirtió en el abanderado de todos los que deseaban lo mismo. Hacía tiempo ya que los ideales populares que habían alimentado la Revolución se habían transformado en discurso político pero estaban lejos de llevarse a la práctica; Cárdenas abanderó con dichos ideales su propio discurso como candidato a la gubernatura michoacana, principalmente reforma agraria e instrucción pública, y desde entonces se manifestó la política de masas como su método de gobierno, intentando unificar a todos los trabajadores del campo y de la ciudad dentro de instituciones auspiciadas por el Estado, que al mismo tiempo sirvieran como apoyo al gobierno.

Fue así como nació la Confederación Revolucionaria Michoacana del Trabajo. Desde ese momento y para siempre, Cárdenas aprendió entonces que el mejor modo de conservar el poder y de ejercerlo era poner a las masas de parte del gobierno revolucionario.

Durante este periodo también se hizo patente su lucha contra la Iglesia católica, a la cual consideraba enormemente perniciosa para la población y el desarrollo del país, y fue mediante el apoyo de los maestros locales, en particular los rurales, que intentó penetrar en la conciencia de sectores sociales cada vez más amplios para combatir la influencia que la Iglesia tenía en ellos.

Vida Masónica

Al parecer el primer contacto de Cárdenas con la orden masónica fue durante la rebelión Delahuertista, cuando habiendo sido hecho prisionero por las fuerzas rebeldes, su captor el general Rafael Buelna, masón escocés grado 33, creyó que Cárdenas también era masón y le salvó por ello la vida. Aunque su iniciación es un tema discutido, Eduardo Nava señala que ésta se realizó el 29 de marzo de 1924 en la Logia de Colima (Gran Logia Suroeste de Colima), información que fue corroborada por el Gran Maestro de la Muy Respetable Gran Logia Michoacana «Lázaro Cárdenas», Manuel Medina Bravo.

En ese tiempo las logias masónicas, por razones políticas así como por intereses personales de sus miembros, sufrían una severa crisis interna que fue de particular importancia en el Distrito Federal y en Veracruz, como resultado de la cual nació la Gran Logia Simbólica Independiente Mexicana (Veracruz, 1927), que fue considerada irregular por la mayoría de los miembros de las logias tradicionales jurisdiccionadas a la Gran Logia Valle de México, a la cual estaban afiliados y ocupaban las más altas jerarquías personajes como Emilio Portes Gil y el propio general Calles.

La más importante transformación que Cárdenas realizó al interior de las logias por él apoyadas, conocidas como logias cardenistas, fue «deselitizarlas». La masonería en México, desde la decadencia del Rito de York en el siglo XIX, se había convertido en un espacio urbano y de élite en el cual se tejían los entramados de la política nacional, pero muy lejos del carácter popular o de clase media que en algún momento llegó a tener con los yorkinos.

Con Cárdenas «las logias crecen significativamente y se multiplican por todo el estado [Michoacán]; a ellas se incorporan creciente, casi masivamente, maestros de primaria y secundaria y miembros extraídos de las clases trabajadoras. Se forman logias campesinas y obreras, integradas a la Gran Logia Unida Independiente de Michoacán y a la Gran Logia Independiente Mexicana.

Desde luego esto no fue gratuito, fue una política fomentada por el propio Cárdenas, quien se daba cuenta de que la ya tradicional oposición entre la Iglesia y la masonería, así como la vocación educativa que esta última había manifestado desde la fundación de las escuelas lancasterianas en el siglo XIX, le serían de gran utilidad

Así, al tiempo que aprovechaba los recursos didácticos de las logias –que favorecían el aprendizaje de la oratoria y del liderazgo, así como la adquisición de experiencia política– para suplir las carencias educativas sobre todo en el México rural, aprovechaba también su anticlericalismo para contrarrestar la influencia de la Iglesia y fomentaba el desarrollo de asociaciones obreras y campesinas, beneficiándose de los principios de solidaridad y fraternidad inherentes a la masonería, pero controlando sus formas de organización, pues a través del trabajo en logia se podía orientar sus voluntades.

De este modo, las logias fueron un medio más para penetrar y controlar los sectores trabajadores. Cárdenas prácticamente eliminó la parte esotérica, filosófica y secreta de la masonería, dejando sólo los elementos de solidaridad, fraternidad, lealtad y obediencia que le convenía fomentar.

Aunque la finalidad de esto era que los nuevos miembros, cuya educación era casi nula, pudieran comprender el mensaje que se les pretendía transmitir, ello le ocasionó el rechazo de las facciones más ortodoxas de la orden, y en especial de aquéllas que tenían claros vínculos con la masonería norteamericana y consideraban esencial el carácter universal y «supranacional» de la orden.

La intención de Cárdenas era favorecer la proliferación de logias que le fueran leales y apoyaran sus proyectos políticos. Además de los miembros de los sectores magisterial, obrero y campesino, a estas logias se afiliaron la mayoría de los empleados del gobierno, los distintos miembros de grupos cardenistas y casi todos los jóvenes que deseaban emprender una carrera política y no eran católicos militantes.

Logias de todos los ritos comenzaron a separarse de éstos para unirse a las independientes; la Gran Logia Valle de México perdió muchos de sus elementos en Toluca, Michoacán e Hidalgo. La fuerza de estas logias llegó a ser tal que en 1937 el Gran Maestro de la Gran Logia Valle de México, Calixto Maldonado, trató de unificar a la masonería simbólica atrayéndose a las logias cardenistas, pero no lo logró.

Esta fuerza se manifestó también en la burocracia, particularmente en la Secretaría de Hacienda, de Agricultura y en el Departamento Agrario, cuyos empleados formaron las logias Tierra y Libertad en la ciudad de México y Unificación Campesina en Tlalnepantla, cuya finalidad era propagar las ideas cardenistas.

La Gran Logia Independiente Mexicana, presidida por el general Cristóbal Rodríguez, auspició la formación de otra Gran Logia que se llamó Simbólica e Independiente Tierra y Libertad (1937), integrada por las dos anteriores y con las de igual orientación que ya se habían fundado en los estados.

El final

A pesar del empeño mostrado por Cárdenas para el desarrollo de una «masonería para el hombre común», el proyecto no tuvo mucho éxito. En general se ha sostenido que la importancia de las logias cardenistas terminó con la elección de Manuel Ávila Camacho para la presidencia de la república, quien además de ser católico declarado fue apoyado por el sector regular de la masonería.

Aunque la masonería irregular poco a poco fue perdiendo su carácter populista, Cárdenas continuó siendo miembro relevante de ella; fue Gran Maestro de la Gran Logia Independiente Mexicana, y logró la unificación de ésta con la masonería regular, es decir con la Gran Logia Valle de México, en 1943.

Cárdenas utilizó a la masonería como una de sus herramientas para organizar y dirigir los movimientos obreros y campesinos, para educar a esas poblaciones de acuerdo con sus principios y para inculcarles los valores cívicos que pretendía fomentar, para proporcionarles elementos para la participación política, para contrarrestar el fanatismo por el que consideraba que el sector rural no podía crecer y para promover el nacionalismo y obtener apoyo a sus propuestas políticas.

Esta actitud de Cárdenas respecto a la masonería puede insertarse dentro de una política de establecimiento y reacomodo de las organizaciones laborales, para formar clientelas políticas y para controlar a estos grupos, igual que lo hizo con el movimiento obrero; es decir, para él la masonería fue más que nada un instrumento de control.

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